11 julio 2007

RALF DAHRENDORF, PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE CIENCIAS SOCIALES



Cada día que pasa disfruto más con los medios que la Red pone a nuestra disposición. No tengo ningún libro de Dahrendorf, pero he leido bastante de lo que escribe en la Red. Entre otras razones por una mis pocas virtudes, pero alguna tengo, como es la de la curiosidad.
Hace casi dos años, en este mismo blog, hice un post sobre algo que me había llamado la atención y era una frase escrita por el flamante premio Principe de Asturias: "La extrema pobreza genera apatía, no rebelión" y que comentaron algunos amigos con gran tino.
Hoy es un buen día porque a mi juicio el premio está francamente bien dado.
Para leer más sobre la concesión del premio entrar en la Web de la Fundación

1 comentario:

Juan Benjamín dijo...

Me agrada especialmente la elección de Ralf Dahrendorf como Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, ya que sin duda contribuirá a la difusión de sus planteamientos e ideas, muy útiles y necesarias en un momento político como el que vivimos en España.Vaya por delante para Mariluz mi felicitación por este post que me ha facilitado volver a mis antiguas lecturas.

Hace años que tuve la oportunidad de acercarme al pensamiento de Ralf Dahrendorf, a través de la lectura de varios de sus libros, especialmente “El conflicto en la sociedad contemporánea”, en el que reflexiona sobre las ideas de permanencia en el “funcionalismo” y del cambio en el “conflictivismo”.

Frente a la tradición funcionalista, en donde la sociedad es ante todo una conjunto permanente y estable formado por distintos elementos (individuos, grupos sociales, agrupaciones naturales, sociales, políticas, etc.) que desarrollan roles y funciones preestablecidas. Dahrendorf, contrapone la idea del conflictivismo, de una sociedad –cambio, en la que el propio concepto de cambio impregna incluso la misma idea de cambio, generando un cambio permanente en todas las esferas de la vida social, política y económica, y ello en todo momento y lugar.

Dos modelos claramente diferenciados. Por un lado, la idea de un imaginario consenso primigenio, que está en la base de las instituciones, que da estabilidad a la formación de los poderes sociales, políticos y económicos y legitimación al ejercicio del poder político; y por otro lado, la idea generadora que parte de un principio de dominación o coacción, la idea de que hay dominadores y dominados; explotadores y oprimidos, la idea de que en toda sociedad, la relación mando y obediencia define la propia noción de orden social, económico y político.

Aunque mi exposición sea excesivamente esquemática, sólo pretende poner de manifiesto que ante cualquier cuestión siempre caben al menos dos alternativas. Será muy ilustrativo poder escucharle con motivo de los actos de entrega de los Premios.